lunes, 20 de noviembre de 2017

Suplementos, polvos o extractos?

Todos sabemos cuán importantes y fundamentales son las vitaminas y los minerales para nuestro bienestar físico y psicológico. Sabemos que los alimentos están compuestos por una serie de sustancias conocidas (Carbohidratos, Proteínas, Grasas, Vitaminas, Minerales, etc) pero también aquellas aún desconocidas por la medicina actual. Existen algunas sustancias o elementos que aún no han sido descubiertos, pero no por ello dejan de estar presentes. Cada día la ciencia hace indagaciones que continúan revelando más y más elementos nutritivos que se encuentran en los alimentos.

Como hemos explicado anteriormente, el cuerpo es un todo, un conjunto perfecto que trabaja de manera meticulosa y armónica, como cualquier elemento de la naturaleza en donde cada eslabón ayuda a forjar la cadena, nada sobra y nada debe faltar, esta todo perfectamente calculado. Lo vemos en la naturaleza y sus perfectos ecosistemas, los animales, insectos y plantas que se autorregulan, conviven y trabajan en sinergia de una u otra manera.

En el caso de nuestro cuerpo, todos los elementos nutritivos son esenciales para que pueda desarrollar todas su funciones vitales en óptimas condiciones. La ausencia de ellos deriva a múltiples desequilibrios, en el deterioro de nuestra salud y energía vital. Las cantidades que requerimos de algunos son mayores que otros y en el caso de aquellos elementos de los que necesitamos cantidades mínimas estas son indispensables, como es el caso de las vitaminas o los minerales, micronutrientes fundamentales.

Debemos recordar que las vitaminas o los minerales funcionan en sinergia con otros elementos nutritivos que componen el alimento. Tomar hierro o vitamina B12, en cápsulas o en el formato que sea, no es asimilable por el cuerpo. Para empezar estas vitaminas o minerales suelen ser totalmente inorgánicos, están aislados, fragmentados y altamente procesados. Así mismo, estos elementos fragmentados son desprovistos de una gran cantidad de elementos nutritivos como otras vitaminas, minerales, ácidos grasos, aminoácidos, agua, fibra, etc que vienen en el alimento original y contribuyen a su asimilación.

Cuando una persona sufre de una deficiencia en nuestra sociedad, probablemente no se deba a que no esté consumiendo esa vitamina o mineral en su alimentación. Hoy día aquellos que contamos con el privilegio de tener comida en casa, montarnos en un coche y en 10 min estar en un supermercado con una variedad y abundancia desmedida, restaurantes por doquier, comida en el refrigerador, picar aquí y allá, tapas, come de esto o come de aquello. Por la parte de la alimentación, comida es lo que menos nos hace falta.

A veces una deficiencia se debe a que nuestro cuerpo no está asimilando bien los nutrientes ya que hay factores tanto en la alimentación como ajenos a la alimentación que pueden estar afectando sus procesos naturales. Además de ello, si es cierto que existen alimentos más asimilables debido a que están más adaptados a nuestra fisiología y nuestro cuerpo es capaz de satisfacerse y aprovecharlos plenamente. En caso de tener una deficiencia sugerimos incrementar el consumo de alimentos en su estado más natural y menos procesado y respetar las combinaciones de los mismos. Los alimentos de origen vegetal, pero sobre todo las frutas y los vegetales son una fuente de macro y micronutrientes de mayor asimilación.

martes, 14 de noviembre de 2017

Nuestros ritmos naturales


Hemos venido comentando en los post anteriores la importancia de una buena alimentación, hidratación y evacuación. Pero una de las cosas que no se mencionan, o mejor dicho, muy pocos profesionales de la salud conocen o vagamente le dan importancia, es el respetar nuestros ritmos naturales para comer, hacer ejercicio, descansar, etc. Los seres humanos son diurnos, es decir, funcionan de día, con el sol. Siendo esto algo tan evidente, precisamente es una clave sumamente importante para la salud. 



Con el amanecer, comienza la puesta en marcha del cuerpo y la mente. A mediodía, el sol está en su punto más alto y más caliente, normalmente es cuando más hambre tenemos. Con la puesta de sol, todas las funciones biológicas y mentales comienzan el proceso de ralentizado para garantizar el descanso. Tal como va el día, funciona nuestro cuerpo. Podemos verlo en muchos animales, así como también en las plantas.


Como cualquier otra máquina, el cuerpo humano necesita una fase de arranque y preparación. Las primeras horas de la mañana son especialmente delicadas pues el cuerpo viene de un reposo que de ser fructífero, le ha permitido asimilar, desintoxicar y regenerar. Sin embargo, por nuestro estilo de vida actual, muchos desde temprano ya estamos exigiendo al cuerpo cosas que no son las que necesita a esas horas o estimulandolo para que dé de sí más de lo que en esos momentos puede dar.


Algunas personas al levantarse despiertan con mucho apetito, otras solo por costumbre o hábito comen en automático. ¿Alguna vez te has levantado sin hambre? ¿Encuentras difícil comer a primera hora de la mañana? ¿Te ves obligado a desayunar porque todos los “expertos” te dicen que es la comida más importante del día a pesar de que a tu cuerpo no le entra ni agua? 

Escuchar al cuerpo es importante como venimos insistiendo. Si al levantarte ya tienes hambre come, pero siempre que puedas dale cosas ligeras para permitirle al cuerpo terminar de despertarse, ponerse en marcha y prepararse para las comidas más pesada que le darás luego, así como todas las tareas que realizamos durante el día. Cuando hay hambre por las mañanas, comer fruta es una de las mejores decisiones que podemos tomar. 


La fruta bien madura es un alimento ligero y delicioso. Este permite al cuerpo seguir en su trabajo de “arranque” de manera más suave y lo deja prepararse para los demás procesos. Contribuye a una evacuación con mayor facilidad y además, si comemos la suficiente, nos permite mantenernos más satisfechos, con menos ansiedad, más claridad mental e hidratados durante el día.


Igualmente por las noches, no es recomendable comer e ir a la cama ya que el cuerpo “desconecta” del proceso de digestión pues es el momento del descanso. Esto hace que pasemos mala noche pues el cuerpo tiene doble trabajo, el digerir y desintoxicar. Además nos despertamos aún más letárgicos, sintiéndonos pesados y en ocasiones nauseabundos.

Comer 2-3 horas antes de ir a la cama es lo mejor, pero en ocasiones nuestro ritmo de vida no nos permite estas condiciones idóneas. Por ello, es mejor darle de la misma manera algo ligero de fácil digestión y que a su vez aplaque nuestra necesidad. Los vegetales y la fruta siempre serán la mejor opción si no cuentas con mucho tiempo para permitir una digestión previa al descanso. Esto te permitirán dormir de maravilla y al día siguiente sentirte mucho más renovado y con más energía.

jueves, 26 de octubre de 2017

Bienestar igual a productividad Quick Massage - Shiatsu en Silla

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